31 de marzo de 2014

"Palabras sobre Helena Paz"

Palabras sobre Helena Paz
René Avilés Fabila
La Crónica de Hoy
31.03.14

No es fácil hablar de Helena Paz. No al menos para mí, absorto como estuve mirando siempre a su madre y de reojo a su padre. Lo primero que supe de ella fue lo que leí en 1968: una carta dirigida a Octavio Paz en una bella y perversa edición que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz llevó a cabo para desprestigiar al poeta que había solicitado ser puesto en disponibilidad luego de los crímenes del 2 de octubre en Tlatelolco. No sé si hubo una edición en español, el ejemplar que yo recibí estaba en francés y parecía una edición de Siglo XXI. Es decir, se trataba de una falsificación. La carta de Helena a su padre comenzaba por una broma maligna de los “editores”: “Le poète Octavio Paz, postulé par lui même pour le Prix Nobel de Litérature, et nommé par lui même au ‘Comissariat de la cultura de l’inminent Gouvérnement Etudiant-Ovrier de Méxique’ (¡¡!!) a reçu cette lettre de sa fille Helena. 23 Octobre, 1968.” Luego, el texto desconcertante de su hija, más bien un reproche.

Luego, en 1991, la conocí personalmente al buscar a su madre Elena Garro en París. La recuerdo muy bien, era de tarde y las visité con Rosario, mi esposa. Helena, no se trata de hablar de la mamá, estaba radiante y muy bella, esbelta y de rostro fino, delicado, de una belleza distinta a la de la Garro. Platicamos largamente y más tarde salimos a cenar. Yo esperaba escuchar más a la mayor de las dos Elenas, pero fue la hija la que lo hizo. La amistad se acrecentó y siempre ha sido cordial.

Ya en México comencé a recibir los poemas de Helena Paz y sus quejas. Los primeros los publiqué, muy destacados, en las páginas del suplemento cultural de Excélsior, El Búho. Dos me llamaron la atención y con alguna mala leche los edité juntos en primera plana: eran los dedicados a sus padres. El que era para Elena Garro decía “a mi madre”, el otro simplemente estaba dedicado a Octavio Paz. El primero reflejaba amor, el segundo era un no muy velado reproche acerca de un encuentro en Londres. Muchos años después, la revista Proceso hizo lo mismo, imitó la idea que siempre será atractiva periodísticamente.

La poesía de Helena es excelente, fina, sutil, de imágenes distinguidas. No son las deslumbrantes del padre, pero son eficaces y eso es lo que cuenta. Su hasta hoy único libro autobiográfico, Memorias, es sin duda el mejor de los testimonios que se han dado en las letras latinoamericanas. Es un libro duro, no es complaciente en sus recuerdos, hay palabras severas para el padre y velados reproches a su madre. Básicamente hay una verdad que asombra. Escrito con elegancia, con una prosa trabajada, reconstruyendo una vida incierta, de vaivenes y pugnas para ella apenas justificadas y justificables, la escritora nos ofrece su vida, una asombrosa vida llena de claroscuros. Me parece que sólo los diarios de Anaïs Nin pueden comparársele a este libro. Mientras todos los que escriben memorias, diarios, autobiografías y recuerdos se ven como triunfadores, como centro del orbe, ella se muestra como un ser desprotegido y dependiente. Alguna vez me dijo tajante: No sabes lo que es ser hija de dos genios del arte. No, realmente no. Muy pocos lo saben y en general hablan con amargura de su infancia y juventud. Helena no es la excepción. En su vida no hay tantos éxitos y triunfos como fracasos y estorbos. A Octavio le resta credibilidad, a Elena la mira con amor, no en vano decidió compartir la ruta hacia el exilio doloroso con ella.

Más de una vez presencié discusiones entre ambas, entre madre e hija, no parecían graves, tal vez lo eran y uno se quedaba nada más en la superficie. Como sea, entre el enorme poeta y ensayista y la extraordinaria autora de novelas, cuentos y obras dramáticas, le estropearon la vida a la hija y al final le crearon tales dependencias que ahora todo le resulta difícil y es incapaz de defenderse con eficacia, por más que sea erudita y políglota. Se acostumbró a resolver sus problemas pidiendo ayuda. Una vez, ella en París y yo en México, tuvo problemas con su jefe inmediato, un novelista mexicano connotado. Me habló para quejarse y yo tuve que hablarle telefónicamente a Javier Barros Valero, entonces subsecretario de Relaciones Exteriores para que interviniera en su favor.

Finalmente, el Fondo de Cultura Económica ha editado sus poemas con prólogo de Ernest Jünger. Allí está la poeta de cuerpo completo. Si la vemos con su propia luz, es una escritora de mérito, de talento, que refleja sus muchas lecturas, una profunda cultura y desde luego, un instinto literario notable.

Sé que tiene mucho más escrito, he publicado algunos de sus nuevos poemas en la revista El Búho. Algunos son admirables, pero no veo que se dedique de lleno a la literatura, a trabajar en el segundo tomo de memorias. Es más bien autora de chispazos, de poco trabajo, suele pasar el tiempo quejándose de sus males y del abandono en que la tiene la sociedad en su conjunto. Esto la atora y le impide mostrar sus espléndidas cualidades literarias con las que nació.

Está visto que no es fácil ser hija de genios, los nombres de sus padres la oprimen y no le dejan respirar para hacer su propia obra. No puede seguir jugando a ser la abandonada y triste hija de Paz y Garro, ojalá se empeñara en buscar salir de la esfera de sus padres y ser ella misma la escritora genial que muchos vimos en sus primeros trabajos.
 
*Artículo publicado hace cuatro años, cuando Helena Paz Garro, presentó un libro suyo de poesía.

24 de marzo de 2014

Grandes maestros contemporáneos

 
Los grandes maestros contemporáneos
 
 
 
 
Viernes 10.VIII.73. "Anoche fue la mesa redonda sobre los grandes maestros contemporáneos. La mesa redonda no estuvo muy bien. De hecho, bastante aburrida. Nadie habló de pintura. Hoy he estado todo el día trabajando sobre mi artículo. Ya lo terminé, trata de varias cosas. Un viaje de un mes. Eso es lo que haré. Anoche entró la policía en la Universidad, con la aquiescencia del rector".

9 de agosto de 1973. En la imagen: Ramón Xirau, Octavio Paz, Juan García Ponce y Salvador Elizondo "en el Museo de Arte Moderno para hablar de arte contemporáneo. Manuel Felguérez interpela a los conferencistas para opinar. Yo capturo la escena".
 
Nota y fotografía:
Paulina Lavista
El Universal
21 de marzo de 2014

18 de marzo de 2014

Enrique Serna, entrevista

Interesante la entrevista que realiza Óscar Garduño al escritor Enrique Serna, a propósito de su nuevo libro Genealogía de la soberbia intelectual:

En el panorama de la literatura mexicana actual él se mueve despacio. Una cautela casi invisible en cuanto a presencia en los medios. No así con su obra. Digamos que lo suyo es reptar del cuento a la novela. De sus columnas en distintos medios periodísticos a sus polémicos ensayos. De cualquier manera Enrique Serna siempre aparece.

¿Crees que actualmente se aleja más a la gente de la lectura con la finalidad de que los grupos de poder cultural no dejen de consolidarse?

—Sí ocurre en algunos pequeños grupos de escritores e intelectuales. Por ejemplo, en el campo de la poesía hermética hay mucha mala poesía, y a esos poetas les conviene que no haya una fiscalización de la sociedad porque quedarían expuestos; prefieren cerrarse en círculos minoritarios.

—¿Crees que los grupos de intelectuales a los que te refieres en tu libro se contagiaron de un sistema político que les enseñó a trepar, hacer acuerdos en lo “oscurito”, ascender pisando cabezas y pasando por encima de los demás?

—Por supuesto, es algo que ya señalaba Octavio Paz desde los años sesenta en unas cartas que le escribió a Tomás Segovia, que había una araña impersonal en el mundo literario que limitaba los tráficos de favores, las componendas en el interior del PRI; yo creo que esto continúa: la burocracia cultural está en manos de intelectuales mediocres que se solapan mutuamente.

—¿Cuál crees que sea el papel de la crítica literaría en México?

—Orientar al lector, tratar de convertirse en un contrapoder que contrarreste el poder de la mercadotecnia editorial. Cuando la crítica cumple esa función no es tan fácil que las editoriales manipulen al público, por eso me parece tan grave que haya la cooptación de los críticos por parte de este tejido social tan denso que se hace en el mundo cultural que lleva a la gente a elogiar en público los libros que atacan en privado.

Por fortuna, nadie va a poder aniquilar a los espíritus libres y además hay todavía entre los libros de éxito grandes obras literarias. Yo precisamente en este ensayo me opongo a ese prejuicio snob de pensar que lo que le gusta al gran público necesariamente es mala literatura; esto no es verdad, y tampoco es verdad lo contrario, que la literatura minoritaria, por el simple hecho de serlo, tenga una gran calidad. Creo que ahora mismo se produce el mismo número de fraudes, por ejemplo, dentro de la novela experimental y la poesía hermética que en la literatura de género, de modo que esos espíritus libres a veces sí se pueden abrir camino entre esta maraña de intereses. La tarea cultural sería allanarles esas dificultades y que no haya tantos obstáculos entre sus obras y sus lectores.

Entrevista completa.

2 de marzo de 2014

La voz crítica de Juan García Ponce

Compilan ensayos sobre arte y pintura que reflejan la voz crítica de Juan García Ponce

Una muestra del talento, la inteligencia, la sensibilidad excepcional e ironía incisiva, así como la profundidad y claridad crítica de Juan García Ponce (1932-2003), se refleja en el volumen De la pintura, antología de ensayos seleccionados por Francisco Castro Leñero, que se editó en memoria de los 10 años del fallecimiento del reconocido escritor yucateco.

La idea fue reunir una serie de textos que hablaran de manera teórica sobre el arte y la pintura, y no de uno u otro pintor en particular, explicó Castro Leñero, quien estuvo acompañado por el editor Javier García-Galiano y José Antonio Lugo, quien fue asistente de García Ponce, en la presentación del volumen en el Centro Cultural Chapultepec.

Publicado por la editorial Ficticia, en su colección El gabinete de curiosidades de Meister Floh, el libro integra ensayos completos, así como fragmentos de textos y una serie de aforismos.

Con ello, explicó el antologador, “se quiere reflejar que García Ponce en su momento fue uno de los pocos pensadores que desarrolló, de manera profunda y clara, una idea de lo que significa el arte, la cultura y la pintura”.

De cierta manera, García Ponce no sólo explicaba y acercaba el arte al público, sino que también sus textos repercutían en el pensamiento de los artistas plásticos. En mi caso, añade Castro Leñero, “cuando escribió sobre alguna obra mía, me amplió la percepción sobre la misma y me hizo entender la importancia de lo que estaba haciendo”.

Esta serie de ensayos, escritos principalmente entre los años 60 y 80 del siglo pasado, conservan su vigencia, además de ponernos en contacto con el pensamiento de un escritor apasionado por un arte que le atraía singularmente, y para el que no escatimo las exigencias de tal propósito. Sus reflexiones constituyen un diálogo de altura con las ideas de su momento, apuntó en el prólogo Castro Leñero.

Más allá del juicio o la polémica

“Su crítica no se reducía al juicio y la polémica, sino que se convertía en creación”, señaló por su parte García-Galiano.

Hoy día, comentó el antologador, “vivimos en el mejor de los casos un presente utilitario, y en el peor, totalmente mercantilizado. (En el ámbito de la pintura y el arte), nuestras preguntas parecen reducirse a ¿cuánto vale? o ¿para qué sirve? Este libro quiere ofrecer otra respuesta. La voz de Juan García Ponce nos recuerda que la experiencia frente al arte no es un asunto de publicidad, que a través de la mirada nos transforma, y que esa transformación produce, entre otras cosas, la posibilidad de comprender y extender el sentido de nuestra propia existencia”.

La Jornada
2 de marzo, 2014

28 de febrero de 2014

Robert Musil

Dureza Musil
Fernando Solana Olivares
28-02-14
Milenio

Entre la galería múltiple de destinos que hay en El imperio perdido, de José María Pérez Gay, está la difícil historia literaria de Robert Musil (“mientras a su alrededor la vieja Europa se derrumba, Musil no sabe si el hombre sin atributos debe acostarse con su hermana”, escribe aquél).

El viernes 11 de febrero de 1942, un día que fue mortecino y gris según el almanaque, el escritor austriaco refugiado en Suiza escribió a la Compañía de Luz de Ginebra lo siguiente: “Tengo un radiador que me ayuda a mantener la temperatura de la habitación donde trabajo, sin él no podría sobrevivir al invierno. Soy un hombre enfermo y no puedo entrar en calor con ejercicios gimnásticos. Además, mi profesión me obliga a estar siempre en el escritorio. […] Me permito agregar que soy un escritor de cierto prestigio internacional y busco en Ginebra calma para trabajar. En estas circunstancias, a pesar de que siempre cumplo con las restricciones de consumo, el medidor de electricidad ha subido más de la cuenta en las últimas semanas. Aunque sea con ciertas restricciones les solicito me autoricen el uso del radiador, pues para mí tiene una importancia vital”.

La casa que ocupaba con su esposa Martha estaba casi vacía. Las paredes desnudas tenían las huellas de cuadros descolgados y el estudio de Musil solo contaba con una mesa, una silla y un sillón. Caminaban por las mañanas; él escribía después durante seis horas e iban al cine por la noche. Esa rutina se interrumpió el 15 de abril de 1942, cuando un derrame cerebral repentino mató al escritor.

Desde años atrás lo perseguía la pobreza, y a partir de 1930 comenzó a bajar por su tobogán. La editorial que publicó el primer volumen de El hombre sin atributos se declaró en quiebra, un premio literario que le otorgaron anunció que no contaba con fondos para entregarse, y en su diario consignó: “Tenemos dinero para vivir unas semanas. Martha me pregunta si lo tengo claro”. Desde ese momento hasta sus últimos días tuvo que pedir ayuda. Un texto que nunca se publicó, No puedo más, confesaba la circunstancia: “Por primera vez escribo sobre mí mismo. Lo que tengo que decir se condensa en el título. Ahora es absolutamente en serio: no tengo dinero. Quien me conozca personalmente sabrá que me resulta muy difícil escribir así”.

Pérez Gay observa que Musil nunca supo qué hacer con el dinero, el cual siempre le repugnó por verlo pasar de mano en mano. Durante los años de la inflación perdió la pequeña fortuna heredada pues padecía una afección aristocrática: el fastidio ante los asuntos económicos. Esa condición impráctica y necesitada se oponía al ambicioso proyecto literario que lo ocupaba. Su cuerpo literario, dice el ensayista, un punto de encuentro de varias historias, tramas y personajes de la excepcional novela El hombre sin atributos.

Una de ellas es lo que Musil llama La acción paralela, el plano narrativo político-social donde un discurso externo domina la conciencia y la acción de los personajes así victimizados. Otra es la historia del incesto entre dos hermanos gemelos enamorados, Ulrich y Agathe, el paraíso del encuentro entre ambos que los conducirá al fracaso político y erótico, metáfora del derrumbamiento del imperio austro-húngaro. Lo que Musil llama el “sentido de la posibilidad” es el principio que norma la vida de Ulrich y la misma novela.

Ese sentido es “la facultad de pensar en todo aquello que podría igualmente ser, y no conceder a ‘lo que es’ más importancia que a ‘lo que no es’ (…) Lo posible abarca, sin embargo, no solo los sueños de las personas neuróticas, sino también las intenciones de Dios que aún no han despertado”. Sentido de posibilidad, pensar lo que igualmente podría ser. Años antes, Musil había hablado de la vida flotante, “entre el amor intellectualis y la literatura”. En un pasaje de sus diarios quedó anotado: “El hombre sin atributos,/ la vida sin una forma fija:/ dos caras de la misma moneda”.

Musil creyó en la literatura como expresión del movimiento y las relaciones entre los hombres, como una lucha estética contra la idea de que existen modos de vida fijos y seguros. Al final, en su pobreza, las gélidas temperaturas servirán de resumen a un credo de la multiplicidad literaria, mental. Una vida, la suya, tan dramática como la de cualquiera, pero con un viático específico: la creatividad. No hay tumba de Musil porque Martha esparció sus cenizas en el bosque de Saléve cerca de Ginebra. A la ceremonia solo fueron siete invitados.
 

27 de enero de 2014

José Emilio Pacheco

"El que se va no vuelve aunque regrese"
 
José Emilio Pacheco
 
Descanse en paz, gran poeta.