19 de junio de 2016

Poema de Manuel Díaz Martínez

La dama de Caulaincourt

Jamás he de saber cómo se llamaba
ni cuales eran sus flores favoritas.

La conocí una tarde en un daguerrotipo:
ella paseaba por un puente de París
y yo por un álbum de láminas antiguas.

Lo demás, como siempre,
carece de importancia.

Manuel Díaz Martínez
(Cantos y Cuentos, 2016)

8 de junio de 2016

Plagio de ideas

Uno de los plagios más detestables, es el plagio de ideas.

A través de la apropiación de las ideas de otro(s) engañan a los demás, hacen creer que las ideas robadas son propias. Y sí, los demás se la creen pues ignoran la fuente original. Y muchas veces el plagiador, sin pudor alguno, le cuenta al mismo creador o autor de la idea y se la hace ver como propia, ignorándolo, sin darle crédito ni mucho menos decirle que le tomó (robó) su idea. Hasta debe de creérselo.

"El plagio literario, literal o de ideas, es robo como si te robaran lo que tienes en tu casa: te están robando tu propiedad, tu tiempo, tus pensamientos, hecho que es totalmente inadmisible", Pablo Boullosa.

“Hay dos tipos de personas, los que piensan y los que les roban el conocimiento a los que lo hacen, los que tienen ideas y los que las roban”. Montt
"El problema del plagio está en hacer pasar como propio algo que es ajeno", José Emilio Pacheco.

29 de mayo de 2016

Los amantes bajo el Danubio

Federico Andahazi, Los amantes bajo el Danubio. México, Planeta: 2015.

Es una novela muy bonita. Se lee rápido, mantiene la intriga, los acontecimientos ocurren alrededor de la historia de la hermosa Budapest, Hungría.

Es el tiempo de la Segunda Guerra Mundial. Hanna, la ex esposa de Bora Persay, viene oculta con Andris, su actual esposo, en un baúl en la cajuela del coche del Embajador. Atraviesan el Puente de las Cadenas. Son revisados por los guardias alemanes.

Afortunadamente Bora, al ser Embajador, se salva de que le registren el coche. De esta forma llegan a la mansión Persay en Buda, donde de inmediato los ocultan en el sótano. Son judíos, y si los llegan a descubrir serían apresados y muertos, al igual que sus guardianes. Marga, la actual esposa de Bora, también es cómplice, acepta ayudarlos.

De pronto, un militar alemán visita a Bora Persay. Se habían conocido años atrás en Turquía. La visita, supuestamente, es para pedirle le haga un cuadro, que lo pinte. Bora es además de diplomático, un famoso y excelente artista húngaro, es pintor.

Muchas cosas suceden, como se podrá imaginar. Hanna y Andris viven bajo el atelier, escuchando el rumor del Danubio y los pasos de arriba. Cuando el oficial alemán visita la casa para posar ante Bora, ellos se estremecen. Para ellos el tiempo no es lo mismo que para los que viven arriba.

Un día todo cambia para Hanna y para Andris, también para Bora Persay y para Marga, aunque bajo diferentes circunstancias. Para Bora y Marga, cuando, por la guerra, bombardean la mansión...

16 de mayo de 2016

La obra de Juan García Ponce

Estamos en plena y constante actualización del Sitio de Juan García Ponce, muy pronto tendrá nuevo diseño y muchas publicaciones más en todas las secciones. Por el momento, les comparto:

1. Las lecturas de Carlos Martín Briceño, sobre algunas obras del escritor: http://www.garciaponce.com/resenas/index.html

2. El ensayo sobre El nombre olvidado, de Juan Antonio Rosado: http://www.garciaponce.com/lecturas/index.html

3. Y quien desee leer el libro Homenaje a Juan García Ponce. Imagen Primera y La noche cincuenta años después, ya pueden hacerlo (descargarlo): http://www.garciaponce.com/homenajes/index.html

6 de mayo de 2016

Cómo citar las fuentes en redes sociales

Cómo citar las fuentes en las redes sociales:


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4 de mayo de 2016

Robert Musil

Encuentros con Musil
Ignazio Silone
Traducción de Angelo Duarte
Revista Crítica
30.04.2015

En 1949, el suplemento literario del Times escribió a propósito de Musil: “El autor más importante de lengua alemana de esta primera mitad del siglo es uno de los escritores menos conocidos de nuestra época”. Si queremos ser precisos, entre los años 1921 y 1930, Musil había recibido ya en Austria y Alemania importantes reconocimientos de la crítica –si no del público–, sobre todo por su drama Los fanáticos y por la farsa Vicente y la amiga de los hombres importantes, como también por los dos primeros volúmenes de El hombre sin atributos. Pero después desapareció de la crónica literaria, ya sea a causa de los acontecimientos políticos o por su reclusión voluntaria para proseguir con el tercer volumen de su gran novela. De todas formas, el Times tenía razón si se compara la extensa fama póstuma creada después de la guerra en torno al nombre del escritor austriaco con el silencio de los años precedentes.

Mi encuentro con Musil tuvo lugar en Zurich en marzo de 1939. Suiza estaba entonces repleta de fugitivos de Europa Central y los Balcanes, obligados a abandonar sus países por la persecución racial o política, sin contar a los italianos que los habían precedido. La creciente presencia de tantos emigrantes representaba indudablemente un peso gravoso para la economía y también para la política de la Confederación. Pero entre ellos no faltaban poetas, escritores, docentes universitarios, músicos, actores y directores que le daban a la vida cultural helvética, principalmente a las casas editoras y a los teatros, un vigor excepcional. Durante aquellos años el Schauspielhaus de Zurich era considerado a buena ley el primer teatro de prosa de Europa, gracias, precisamente, a la presencia de los emigrados Brecht y Julius Hay entre los dramaturgos, y de Therese Giese, Langhoff, Horwitz, Paryla y otros, entre los actores.

En Zurich Musil reencontró algunas personas que lo habían conocido previamente y que lo tenían en gran consideración. Fue por cortesía de dos de ellas que nosotros nos encontramos poco después de su llegada. Se trataba del dramaturgo Kurt Hirschfeld (más tarde director del Schauspielhaus) y el escritor Efraim Frisch, quien había publicado en el Frankfurter Zeitung una crítica fundamental y llena de perspicacia sobre los dos primeros volúmenes de El hombre sin atributos. “Es culpa de ellos y de sus pares –me dijo Musil señalando a Frisch– si tam¬bién yo me encuentro en la emigración”.

3 de abril de 2016

Imre Kertész, testimonio del mal absoluto

En Sin destino, Imre Kertész describe con tanta precisión la llegada a Auschwitz. Ese relato no es sólo uno de los pasajes cumbres de su obra, sino de toda la literatura del siglo XX: la confusión, las diferentes lenguas, la presencia de los SS, que se pasean aparentemente despreocupados, aunque supervisan la selección en la que se decide la muerte inmediata en las cámaras de gas o retrasada por el trabajo. Al bajar del vagón, un preso le pregunta si habla ídish -el dialecto de los judíos de Europa Oriental, cercano al alemán-, mientras que él esperaba poder entenderse en hebreo. Gracias a sus conocimientos de alemán, descubre que los presos quieren saber su edad. Cuando responde que tiene 15 años, le ruegan que diga que son 16. Seguramente esa conversación en medio del caos en una lengua que ni siquiera comprendía bien le salvó la vida.
 
Imre Kertész: el Nobel que logró dar testimonio del mal absoluto

El premio Nobel de Literatura húngaro Imre Kertész, superviviente de Auschwitz, murió ayer, a los 86 años, en su ciudad natal, Budapest. Su obra, sobre todo su novela Sin destino (Acantilado), que tardó 13 años en escribir y publicó en 1975, ofrece desde el punto de vista literario y testimonial una ventana única para observar el acontecimiento que define el siglo XX: el Holocausto.

Kertész era un muchacho de 15 años cuando fue deportado, en 1944, por la policía húngara al campo de exterminio alemán de Auschwitz, en Polonia. Cuando regresó a Hungría, halló el departamento de sus padres ocupado por extraños y se dio cuenta de que estaba totalmente solo, que toda su familia había sido engullida por la máquina de asesinar nazi.

Esa sensación de soledad ante el horror se encuentra en el corazón de la obra de Kertész, que recibió el premio Nobel de Literatura en 2002. Fiasco, Kaddish para un hijo no nacido, Liquidación o sus diarios, La última posada, cuya publicación tiene prevista en breve Acantilado, forman una obra no demasiado abundante, pero cuya intensidad, sabiduría y lucidez la convierten en uno de los monumentos literarios del siglo XX.

Kertész arrastra al lector a los recovecos del sistema de exterminio nazi sin usar apenas adjetivos, con unas descripciones precisas que se quedan grabadas en la memoria. Sus textos atrapan por su belleza literaria y por el espeluznante mundo que describen, por la forma en que nos obligan a reflexionar sobre el mal absoluto.

Kertész, que padecía Parkinson y había anunciado que dejaba la literatura, había regresado a Hungría en 2013, tras vivir durante años en Alemania, y se mostraba tremendamente crítico de la deriva autoritaria que padece su país con el gobierno de Viktor Orban. "Allí campan por sus fueros los antisemitas y la ultraderecha", dijo en una entrevista con este diario hecha por Adan Kovacsics, uno de sus traductores al castellano.

En aquella entrevista, de 2013, hablaba de un acontecimiento trascendental que ha marcado el final de su vida: la desaparición de los testigos, la conciencia de que su voz es una de las últimas que podrán contar en primera persona el Holocausto.

El escritor, como Elie Wiesel, otro judío húngaro deportado a Auschwitz, premio Nobel de la Paz, o Primo Levi, el químico italiano que sobrevivió a los campos y que acabó suicidándose, era consciente de que la importancia de su literatura iba más allá de las palabras, que debía ocupar un rol esencial en la sociedad.

La esencia de mi obra consiste en trasladar lo ocurrido a una dimensión espiritual. Que quede en la conciencia, aunque ahora lo veo con menos optimismo que hace unos años. El Holocausto es el hundimiento universal de todos los valores de la civilización y una sociedad no puede permitir que se repita, que vuelva a presentarse una situación parecida. Pero la crisis económica, una crisis así, dio pie a la llegada de Hitler al poder. Por tanto, deberían sonar todas las alarmas. Pero no suenan. Lo cual quiere decir que el Holocausto no está presente en la conciencia de los políticos europeos, había señalado.

Sin destino, su obra magna, relata su vida con la estrella amarilla en el pecho en Budapest, su deportación a Auschwitz, el campo de trabajo y de exterminio en el que fueron asesinadas unas 1,1 millones de personas, su supervivencia a las marchas de la muerte tras el cierre del campo ante el avance soviético, su traslado a Buchenwald y su regreso a Hungría, donde se enfrentaría a un nuevo horror: la dictadura estalinista.

Cerca de la mitad de los judíos enviados a Auschwitz eran húngaros, unos 450.000, lo que demuestra la demencia asesina del régimen de Hitler, porque muchas de estas deportaciones se produjeron en 1944, con la guerra ya perdida. Ése es el escenario del horror industrial en el que transcurre el film El hijo de Saúl, que ganó este año el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y que está influido por la obra de Kertész.

En una de las últimas entrevistas que concedió, publicada en Le Monde en enero de 2015, explicaba que el momento crucial, en el que todo se decidía, eran "los primeros 20 minutos de la llegada al campo". Por eso, en Sin destino describe con tanta precisión la llegada a Auschwitz. Ese relato no es sólo uno de los pasajes cumbres de su obra, sino de toda la literatura del siglo XX: la confusión, las diferentes lenguas, la presencia de los SS, que se pasean aparentemente despreocupados, aunque supervisan la selección en la que se decide la muerte inmediata en las cámaras de gas o retrasada por el trabajo. Al bajar del vagón, un preso le pregunta si habla ídish -el dialecto de los judíos de Europa Oriental, cercano al alemán-, mientras que él esperaba poder entenderse en hebreo. Gracias a sus conocimientos de alemán, descubre que los presos quieren saber su edad. Cuando responde que tiene 15 años, le ruegan que diga que son 16. Seguramente esa conversación en medio del caos en una lengua que ni siquiera comprendía bien le salvó la vida.

Su obra va más allá de la esperanza. Es un inmenso relato de la capacidad de supervivencia de los seres humanos, de la recomposición de la moralidad basada en la conciencia de que cualquier horror es posible. En Sin destino escribe: Tuve que reconocerlo: nunca habría podido explicar ciertas cosas de una manera exacta si me hubiera valido solamente de la esperanza, la norma, la razón, esto es, la lógica de las cosas y de la vida, por lo menos según mi experiencia vital.

Fuente | Guillermo Altares, La Nación, 1 de abril de 2016.

1 de abril de 2016

Sobre la estupidez, Robert Musil

En Sobre la estupidez, dice el escritor austriaco Robert Musil: “Si la estupidez no tuviera algún parecido que le permitiese pasar por talento, progreso, esperanza o perfeccionamiento, nadie querría ser tonto”.

31 de marzo de 2016

Imre Kertész

Falleció hoy mi admirado y queridísimo escritor, Imre Kertész. Nobel de literatura 2002. Excelente y maravilloso, nos deja su extraordinaria obra.

Descanse en paz. Qué tristeza...

"El próximo 6 de abril, la editorial Acantilado publicará La última posada , el libro póstumo de Imre Kertész , todo un testamento literario que él mismo definió como “la culminación de mi obra”. Claramente autobiográfico, en este texto vemos cómo un escritor enfermo de cáncer decide escribir un testimonio de sus experiencias, por perturbadoras que estas puedan resultar. Aplicando el mismo método con el que diseccionó antes la cotidianeidad de los campos de concentración nazis, aquí narra su declive físico al tiempo que diversos detalles de sus últimos días. Se refiere a su esposa Magda como M o Magdi, y le atribuye a ella la decisión de regresar a morir a Hungría, esa ciénaga intelectual”.

Tres fragmentos inéditos de la obra:

Fragmento 1

Hoy, en la revisión, le han encontrado a M. una alteración de los ganglios en la axila. Para ambos es demasiado pronto para morir. Algo, sin embargo, me sugiere que dentro de poco tendremos que decidirnos. De hecho, estoy preparado para la muerte, aunque siento dejar mi trabajo inacabado. Por otra parte, la irreflexión con que hablo sobre la muerte… ¿Es serio o no es serio? Creo que es más serio de lo que pensamos, y creo que es menos serio de lo que pensamos. El sufrimiento… Sólo el sufrimiento es cosa seria. Temo que Magdi sufra, y solamente puedo aliviar su sufrimiento sufriendo con ella, por lo que será un doble sufrimiento, para ella y para mí. Todo es más fácil para aquel que no ama.

La terrible realidad ha confirmado la terrible realidad. A Magdi le han encontrado metástasis en los ganglios linfáticos. Le esperan cosas terribles, y también a mí. Pero hemos decidido aguantar. Existe una frontera que no merece la pena traspasar; sin embargo, no hemos llegado aún a ese punto. Dice M. que todavía no ha podido asumirlo; pero es que aquí no hay nada que asumir. Recuerdo mi conversación con el biólogo celular. El biólogo me explicó con mirada encendida el funcionamiento de las células en el organismo humano. Estas células existen y actúan de forma completamente independiente, según sus propias leyes o—si se quiere—sus propios caprichos. Se juntan y se separan, provocan o sufren mutaciones, etcétera. Y cuando observé que eso era terrible, el biólogo celular me miró asombrado. ¿Por qué?, preguntó. La enfermedad no tiene nada que ver con nuestras concepciones; la enfermedad, de hecho, no tiene nada que ver con nosotros, a lo sumo nos mata. No tiene nada que ver con la moral, nada que ver con nuestros actos, no guarda ninguna relación con nuestras virtudes o nuestros pecados. Las células son ciegas y nos gobiernan de una manera absurda. Por eso la vida no es un asunto demasiado serio. Le damos una importancia mucho más grande que la que le corresponde en la realidad. En la realidad, una vida humana equivale a cero. Es un ejemplar de la especie ni siquiera digno de mención. Sólo a nosotros nos duele esa vida humana, sea porque amamos, sea porque da la casualidad de que es la nuestra.

Analizar seriamente por qué me aferro tanto a la vida (teniendo en cuenta en particular la vejez que me espera, la degradación, la miseria física que humilla profundamente y lo despoja a uno de toda autonomía, de toda la dignidad que le queda).

Sé que con el día de ayer concluyó la parte más bella de mi vida. ¿Y qué fue esa parte más bella, sin considerar lo más bello, la creación? Ya no recorreremos la Provenza en coche; ya no viviremos despreocupados y liberados. En nuestros cuerpos y en nuestras almas, las huellas de las operaciones, del delirante deseo de muerte de nuestra existencia física; los fundamentos de nuestra confianza en la vida se han tambaleado. Nos amenaza el horror de la decadencia física, nos volvemos más feos, más débiles, nos deslizamos hacia fuera del mundo. Se adueña de mí la autocompasión cuando pienso que he pasado gran parte de mi existencia en la dictadura maligna de un país maligno y provinciano, mientras en la otra mitad de Europa, la mejor, florecía la buena vida, el bienestar y el brillo de cuarenta años felices y libres de responsabilidad, con sus posibilidades únicas. Ahora que los rusos le han endilgado la Europa del Este, allí también han empezado los problemas. Esto se llama responsabilidad política, que durante cuarenta años no han tenido que asumir. Quien ha vivido esos cuarenta años en Europa occidental ha podido experimentar algo nuevo, algo en que, sin embargo, todavía se percibía la fragancia del Ancien Régime, de su estabilidad, de su cultura, de su europeísmo.

Fragmento 2

Conversaciones mortales con M. A la luz de esas conversaciones, se ve claramente mi absurda situación, y también la de ella. Por mi trabajo di la espalda al país en el que no se me valoraba en absoluto, en el que no tenía un sitio, en el que desde el primer instante viví bajo la sombra de una sentencia de muerte. Recibí el Premio Gordo Mundial de Literatura, conseguí la libertad y la posibilidad de vivir en la civilización occidental… Ahora M., por su familia y porque no se siente a gusto en este país, hace todo lo posible por que vuelva a la ciénaga intelectual, a nuestro piso situado a pocos pasos de la familia, y eso que uno de los orgullos de mi vida consiste en haber evitado la corrupción que también recibe el nombre de familia. Podría ser el abuelo de cuatro niños, un señor de barba blanca que apacienta a los nietos en los parques infantiles… He conseguido evitar ese destino y ahora me quieren arrastrar ahí. Por otra parte, sin embargo, también hay que comprender a M., claro está…

Fragmento 3

Todo es impreciso. Nada ocurre «exactamente». Nuestra vida es una descripción imprecisa. Escribir una y otra vez. (Reescribir una y otra vez). La curiosa relación de Musil con los gatos. Lo cierto es que desde el accidente me cuesta arreglármelas con el ordenador. Otra cosa: unos gastos enormes. Nadie me tiene ninguna consideración, nadie me dice que debo pensar en guardar ciertas reservas para el final… Eso sí, se plantea la pregunta de quién se «encargará» de mis obras después de mi muerte: habría que crear una «curaduría», dice M. ¿Quiénes habrán de ser los miembros de esa «curaduría»? Ya lo hablaremos después de mi muerte, dije (o, mejor dicho, no lo dije).
 
Fuente | La vanguardia
31.03.2016