20 de agosto de 2014

¡Condecoración a Imre Kertész!

 
 
 
Hungría condecora a premio Nobel Imre Kertesz
 
El presidente de Hungría, Janos Ader, entregó hoy la Orden de San Esteban, el más alto reconocimiento nacional, al escritor y premio Nobel Imre Kertesz. La condecoración tiene el objetivo de conmemorar la fiesta nacional más importante del país, el día de San Esteban. San Esteban (Esteban I) fue el rey fundador de Hungría y reinó el país del año 1000 a 1038.

Kertesz ganó el Premio Nobel de Literatura en 2002 "por escribir lo que confirma la frágil experiencia de lo individual contra la salvaje arbitrariedad de la historia", señaló en su momento el Comité del Nobel.

Kertesz, un judío, fue deportado al campo de concentración de Auschwitz a la edad de 14 años. Su escritura refleja esa experiencia. Ader comentó que Kertesz merece este reconocimiento por su obra completa, que describe plenamente lo que hacen las dictaduras al alma humana. Particularmente agradeció a Kertesz por su audacia y honestidad como escritor.

La Orden de San Esteban es otorgada para reconocer méritos excepcionalmente sobresalientes que apoyan a Hungría, así como obras extraordinarias y logros internacionales significativos. El primer ministro, Viktor Orban, y el presidente del Parlamento, Laszlo Kover, estuvieron presentes en la ceremonia de premiación.

15 de agosto de 2014

Tristania, de Andrés Acosta

 
 
El Morby y el Sick son dos hermanos, fanáticos del cine de terror, que suelen pasar sus días embebidos por la música de Rob Zombie y los juegos de rol. Su vida transcurre entre eruditas discusiones sobre marcas de cereal y las marchas zombis hasta que, en un viejo cine, conocen a una extraña chica llamada Tristania. A partir de esa noche el destino les hará una mala, ¡pésima!, jugada. A veces lo peor que te puede suceder es que tus más fervientes deseos se hagan realidad.

Mañana sábado 16, es la presentación de Tristania, de Andrés Acosta.
Presenta Iván Farías, acompañado del autor.
A las 13:00 horas, Librería Itinerante Texcoco,
Centro Cultural Mexiquense Bicentenario.
Texcoco, Edo. México.

Tristania, también se presenta el jueves 11 de septiembre en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, a las 19:00 hrs.

Él escritor habla sobre: Tristania.
 
 Es una excelente novela, que no hay que dejar de leer.

25 de julio de 2014

Lo que rescata "El gran hotel Budapest"

Stefan Zweig
¿Quién es Stefan Zweig? Rara pregunta. Si se opta por el camino sencillo se podría dejar en escritor austriaco, vienés de nacimiento y de vocación; judío por accidente. Si se lee su obra con la misma pasión que exige la escritura arrebatada de El mundo de ayer -sus memorias-, entonces la pregunta puede llegar a incomodar. Zweig no es sólo un intelectual al uso atrapado entre dos guerras mundiales y otras tantas formas de totalitarismo, sino que de su nombre depende todo lo bueno que alguna vez soñó para sí Europa. No se trata sólo de un autor, sino, mucho más ambicioso, de una provocación. Como Arthur Koestler, por ejemplo, su vida y su obra son el testimonio quizá de una promesa, de una idea, de lo que pudo ser y finalmente no fue. Eso, o más grave, la sencilla constatación del más ridículo y tremendo de los fracasos: el nuestro, el de Europa.

Quién sabe si por lo que sucede ahora mismo en el extremo oriental a las orillas del mar Negro de esa Europa pacífica, activa, culta y finalmente imposible por la que peleó Zweig, o quizá por la incapacidad de los europeos de entender en este preciso instante que lo que viene del Sur no es necesariamente una amenaza; el caso es que el autor de Carta de una desconocida se antoja más presente y necesario que nunca. Eso o simplemente una película. El gran hotel Budapest, de Wes Anderson, rescata de forma íntegra su figura y, por decirlo mejor, su espíritu, lo que es más importante. Y todo ello bajo la apariencia inocente, o no tanto, de una comedia detallista, precisa, tal vez perfecta, empeñada en borrar los límites entre la fantasía y la realidad, entre la ensoñación de un tiempo casi borrado por el olvido y la sensación grata y dura de reconocimiento de lo auténticamente real. Contradictorio e irrenunciable.

Cuenta el director de Houston que dar con Zweig significó para él casi una revelación. «Fue un autor con el que di muy tardíamente con la lectura de 'La piedad peligrosa', su única y verdadera novela. La impresión fue aún mayor al descubrir que apenas es ya leído ni en mi país ni creo que en Europa y que sólo desde hace una decena de años ha empezado a tener cierta relevancia en determinados círculos», dice Anderson y acto seguido puntualiza: «La película, en cualquier caso, no se refiere directamente a ninguna de sus obras de forma determinada, pero creo que todo lo esencial de su trabajo está ahí: el argumento no es otro que el crepúsculo de una Europa y de una determinada cultura europea. La que defendió y representó Zweig».

El mundo de la seguridad

Y en efecto, la cinta recrea con el mismo entusiasmo con el que Zweig lo describe «el mundo de la seguridad» que precedió a la Gran Guerra. «Todo en nuestra monarquía austríaca casi milenaria», se lee en las memorias del autor, «parecía asentarse sobre el fundamento de la duración, y el propio Estado parecía la garantía suprema de esta estabilidad... Todo el mundo sabía cuánto tenía o cuánto le correspondía, qué le estaba permitido y qué prohibido. Todo tenía su norma, su medida y su peso determinado». Y todo ello se aprecia en el rigor de una cinta que se quiere parecer a Zweig en cada detalle. Que son muchos.

Como los propios relatos del austriaco, el último trabajo del director de Viaje a Darjeeling se estructura alrededor de un secreto. Dos personajes se encuentran y en el choque fortuito nace el principio de un cuento, una culpa o un misterio confesado, que cambiará para siempre la vida del que escucha. La importancia del relato no radica tanto en su capacidad para levantar testimonio de un hecho como de sugerir en el que escucha la clave para entender su propia vida. Y eso que vale para uno de los dos protagonistas del cuento o novela, el que atiende, sirve exactamente igual para el lector.

De alguna forma, toda la literatura de Zweig juega a recrear la pulsión original de los mitos compartidos, la cultura, digamos, occidental. Toda su literatura, por moderna, es necesariamente literatura de literatura, cuento de cuento, narración de lo ya narrado. Y ahí coincide tanto un proyecto estético como social y político. Todo el arte europeo (o todo el arte sin más) es necesariamente un terreno compartido; un espacio común para la comprensión (aquí su dimensión utópica) y (llegan las malas noticias) para la fatalidad. Mal que nos pese, todos somos víctimas del mismo destino social como el oficial de 'La piedad peligrosa' que, incapaz de sobreponerse a las convenciones de la sociedad, acaba por ser un héroe para todos y un miserable para sí mismo.


6 de julio de 2014

Franz Kafka

Recordando a Franz Kafka.
El pasado día 3, se celebraron 131 años de su nacimiento.

Sobre la muerte de la novela

El pasado 30 de junio, Miqui Otero escribe el artículo 33 veces en las que se ha anunciado la muerte de la novela en el último siglo. Dice:

A la novela se le ha intentado dar muerte con dagas doradas, ballestas de roble, saetas oxidadas, revólveres Colt 45, balas de plata y patas de cordero congeladas. O, lo que es lo mismo, con la llegada de la prensa de masas, del cine, de la televisión, del DVD, de internet, del libro electrónico y del teléfono móvil inteligente. Y aun así, la novela, por ser un macrogénero híbrido y eminentemente mutante, es como el muerto-vivo de la canción de Peret, que siempre reaparece dando palmas; parece resistirse y flota como un corcho que intentan ahogar una y otra vez (aunque habrá quien diga que los cadáveres también flotan).

Robert Clark Young escribió en su ensayo La muerte de la muerte de la novela que “como el Sueño Americano, la muerte de la novela debe ser anunciada por cada nueva generación”. Y así ha sido. Entonces, ¿por qué no plantear una cronología que repase más de 30 veces en los que algunos (la gran mayoría muy célebres) la dieron por aniquilada? He aquí las citas de tanta muerte anunciada.

1902. Julio Verne: “Las novelas serán suplantadas por los diarios… Los escritores de prensa han aprendido a colorear los acontecimientos cotidianos tan bien que su lectura entregará a la posteridad una imagen más veraz y vívida que la de la novela histórica o descriptiva”.

1925. José Ortega y Gasset, Ideas sobre la novela. "Casi todo está en ruinas… La pintura está en ruinas –sus vergüenzas son el cubismo–; las obras de Picasso parecen una casa demolida o una esquina del Rastro. La música está en ruinas –la obra de Stravinsky de estos últimos años ejemplifica el detritus musical (…) Un novelista, por ejemplo, que me dice que un personaje es melancólico me obliga a imaginar a una persona melancólica, pero debería mostrarme y descubrirme (con sus actos) que es melancólica sin decírmelo”.

1930. Walter Benjamin, en Crisis de la novela. “Uno puede hacer un viaje por el mar y surcarlo sin ninguna tierra a la vista, tan solo mar y cielo. El novelista hace esto. Él es el realmente el ser solitario. El pueblo descansa tras el trabajo diario; escucha, sueña y adquiere experiencias. El novelista se ha separado del pueblo”.

1950. Norman Mailer. “Cualquiera que siga escribiendo novelas en 1950 es tonto”.

1958. Ludwig Marcuse. “La unidad del mundo, la sociedad y el individuo se ha roto. El universo se ha convertido en un multiuniverso. La Nueva Novela debe ser no tridimensional, sino multidimensional”.

1965. Frank Kermode en New York Review of Books. “El destino de la novela, considerada como género, es estar muriéndose permanentemente: y la principal razón para ello es que los novelistas y lectores más inteligentes son conscientes del vacío, el vacío del absurdo, que crece entre el mundo tal y como parece ser y el mundo propuesto en las novelas”.

1980. Leslie A. Fielder. “Nuestros grandes novelistas, a pesar de ser especialistas en la indignidad y la violencia, en la soledad y el terror, tienden a evitar el retrato del encuentro apasionado de un hombre y una mujer, que el resto esperaríamos que estuviera en el centro de toda novela”.

2009. Philip Roth. “El libro no puede competir con la pantalla. Es algo que Kindle no va a cambiar. No pudo competir con la pantalla de cine. No pudo competir con la pantalla de televisión, y no puede competir con la pantalla del ordenador (…) La novela es un animal moribundo”.

2014. Will Self. “¿Cómo creen que me siento después de haber dedicado toda mi vida adulta a una forma de arte sólo para verla ahora desangrarse mortalmente ante mis ojos? (…) La novela literaria como obra de arte y el arte de narrar como pieza central de nuestra cultura se está muriendo delante de nuestros ojos”.

Solo transcribo una parte del texto, se puede leer completo en El País.

11 de junio de 2014

Reglas no escritas...

En el ensayo Status anxiety, un estudio muy esclarecedor sobre las reglas no escritas del trato social, Alain de Botton reproduce una caricatura de la revista Punch que ilustra la cruel paradoja del esnob autodestructivo:

–Allá van las Spicer Wilcox, mamá –exclama una hija a su madre caminando por Hyde Park. Supe que se mueren por conocernos. ¿No deberíamos de llamarlas?

–Por supuesto que no –replica la madre. Si se mueren por conocernos no son dignas de nuestra amistad. La única gente digna de nuestro interés es la que no quiere conocernos.

De: Cómo fracasar en sociedad.